¿Cuándo debo ir al psicólogo?

Ésta es una de las preguntas frecuentes que surgen cuando nos acercamos a la Psicología.

A veces, en cualquier etapa de nuestra vida, pueden aparecer dificultades que nos producen dolor, o problemas concretos que no conseguimos superar. A menudo, no sentimos el bienestar y la satisfacción que habíamos previsto para nuestra vida. Y otras veces estamos preocupados por alguna persona cercana que atraviesa esta situación (familiares, hijos, pareja, amigos). En cualquiera de estos casos, ha llegado el momento de dedicarse el tiempo para reflexionar y recuperar la fuerza y la ilusión que deseamos.

En nuestra realidad, añadimos también, que lo óptimo sería vivir en un crecimiento personal continuo que nos pide parar, evaluar y cambiar hacia la plenitud de nuestras vidas.

Aquí damos algunas pistas sobre qué nos indica que necesitamos estos cambios:

  • Sientes que la vida ha elegido por ti y que ya no recuerdas cuáles eran tus propios deseos.
  • Te has dado cuenta de los cambios que experimentas y quieres conocerlos para sacar el mayor beneficio de tu crecimiento personal.
  • Casi a diario te sientes nervioso/a, crees que muchas situaciones te superan y tu respuesta a ello comienza a ser impulsiva y desagaradable.
  • Lloras a diario y ves difícil recuperar la alegría. A veces no encuentras el sentido de tu vida.
  • Te resulta difícil encontrar la motivación para cambiar lo que no te hace bien.
  • Tu relación de pareja está deteriorándose, te parece que se pierde la comunicación y tienes dudas sobre qué puede estar pasando.
  • Te cuesta encontrar en ti el valor y los rasgos positivos que antes te hacían fuerte, o puede que no encuentres nuevas habilidades que necesitas ahora en tu trabajo o en tu día a día.
  • A lo mejor, sigues viviendo algunas situaciones del pasado como cargas que te bloquean hoy y crees que ha llegado el momento de liberarse de ellas y superarlas.
  • Puede que no estés a gusto con tu cuerpo, que comas de forma desordenada (o mucho o poco), te preocupa tu figura y últimamente sólo dedicas el tiempo a pensar sobre tu alimentación y tu cuerpo.
  • Tienes miedos concretos que limitan tu actividad diaria, por ejemplo: te da miedo montar en metro o en transporte público, no puedes hacer viajes de trabajo o de ocio porque temes cualquier peligro fuera de casa, sientes especial miedo a los animales domésticos o a los insectos, no acudes al médico porque crees que no vas a soportar una vez más las pruebas que deben hacerte, o incluso tienes miedo a relacionarte con otras personas pensando que te pondrás en ridículo.
  • Estás muy pendiente de qué opina la gente sobre ti. Ya sólo sientes que te ocupas de los demás y nadie tiene en cuenta lo que quieres tú.
  • Como madre/padre, puede que estés preocupado/a por que notas reacciones nuevas en tu hijo/a, le ves nervios/a o triste últimamente y esto te intranquiliza, tienes quejas en el cole sobre su comportamiento, o verdaderamente tienes dudas sobre cómo educar en casa.
  • Tu vida sexual y tu interés por el sexo no van acompasados con lo que esperas de las relaciones sexuales, tienes dificultades para sentir deseo sexual o durante cualquier encuentro sexual te bloqueas. Últimamente evitas el sexo.
  • Te da miedo tener cualquier enfermedad, hasta tal punto que has desarrollado muchos comportamientos que ocupan gran parte de tu tiempo para protegerte de las enfermedades. Vives preocupado y prestando mucha atención a cualquier signo en ti que confirme si estás enfermo/a.
  • El tabaco, el juego, el alcohol o cualquier otra sustancia, han dejado de estar controlados por ti, y ahora has perdido el control sobre cuándo, cuánto, cómo y si quieres o no consumir.

Como ves, son muchas las posibles dificultades, necesidades o dudas que atraviesan las personas, sólo hace falta detectar la que te afecta a ti y ponerle solución YA. Está en tu mano sentirte tan bien como desees. Nosotros estamos aquí para demostrártelo.

Éste es el momento.

Fotografía de Jasper van der Meij

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